viernes, 2 de julio de 2010

Final.

Que seas feliz. Aunque tu felicidad consuma la mía, yo te la regalo. Sólo te pido que de vez en cuando me recuerdes lo que me quisiste, por echarte de menos, por hincharme a llorar como sólo yo se llorar en una despedida.

Todos mis besos.

Humo.

viernes, 11 de junio de 2010

Mensaje en una botella.

Conocí el miedo hace unos diez años. Hasta ese día, que no recuerdo exactamente, había sentido como cualquier mortal, fui lo más feliz y lo más triste. Pero tenía mi ilusión. Con todo lo que sufrí por un millón de cosas que ya no me importan nada, nunca hubo una época mejor.

En algún momento pasó algo que aún hoy no sé descifrar, y que me trajo aquí, a esta ciudad, a esta casa y a esta vida, tan distinta. De repente, hay un antes y un después, un barranco, un punto de inflexión. De lo que queda entre medias casi no recuerdo nada, como quien ve su barco a la deriva y despierta en una isla, yo desperté aquí, así, ahora.

Lo cierto es que me he acostumbrado a esta isla desierta, he aprendido a pescar para sobrevivir y a hacer fuego cuando tengo frío. La he hecho mía, y ahora yo soy el dueño de esta playa.

No reconozco la persona que fui antes del naufragio, y sólo algunas veces, en momentos muy concretos, me llegan destellos de otra vida, de otro rumbo, de otra tierra a la que por mucho que me esfuerce en dar brazadas, no acabo de llegar.

Nunca expresé mejor cómo me siento, y dudo mucho que este texto sobreviva. Así que lo enrollo y lo tiro al océano dentro de una botella, para que alguien, algún día, lo recoja al otro lado del mar.

miércoles, 2 de junio de 2010

20+1.

Veinte entradas y veinte cuentos ya. De amor y odio, de simplicidades y cosas más complicadas. Veinte poemas de amor, y más de una canción desesperada.

He tenido otro blog aparte de este, no sé el tiempo que ha pasado desde que escribí aquella última entrada hasta que empecé a escribir aquí. O sí lo sé. Pero lo que sí sé, es que hay algo común entre esas dos épocas, son aquellas en las que me falta una confidencia a las doce de la noche y una bronca a las nueve de la mañana. Y vierto mis secretos sobre este teclado que ha bebido casi lo mismo que yo.

Sé que a muy poca gente le interesa mi vida. Y de la gente a la que le interesa, sé que a la mayoría no les gustaría leer nada de esto, o simplemente les aburre. Pero nunca he pretendido nada, sólo es otra forma de darse golpes contra el mismo cristal. Este es mi cristal, este es mi blog y esta es mi vida. No sé cambiarla en este momento, no sé si quiero. No tengo voluntad, o fuerza. Y no puedes ayudarme. Seguro que hay alguien alrededor que lo necesita más, y yo estaré bien, siempre estoy bien, igual que tú.

Como dice mi madre: cada uno en su estilo.

PD. Tengo dos tipos de entradas, las que están inspiradas en una canción que siempre suena al final, y las que escribo sin música. Estas son las más difíciles de acompañar. Entonces simplemente me dejo llevar...

domingo, 30 de mayo de 2010

Qué hago ahora contigo.

Te conozco.

Has conseguido que te lea cuando no me escribes, que te escuche cuando no hablas. Si piensas, oigo el ruido que hacen tus neuronas intentando transmitir un mensaje que hoy por hoy seguimos sin descifrar.

Yo también he visto el lado oscuro, y ya no tienes nada que esconderme, lo he vivido antes que tú.

No soy tu amigo, no soy capaz. No es que no quiera, es que me duele. Porque conozco el final de esta película, y como todos los buenos finales, es muy triste.

viernes, 28 de mayo de 2010

Carta de presentación trasnochada.

Estudiante modelo. Hijo único, pródigo y predilecto. Retraído, educado y doliente de una timidez exagerada rayando la fobia social. Matrícula de honor en el instituto, y suspenso general en primero de carrera.

Hippie de postal, porrero ocasional y borracho frecuente. Socialista, apolítico y conservador según los foros. Bautizado y confirmado por la santa madre iglesia, aunque ella no quiera saber nada de mí.

Puedo parecer respetable a las cuatro de la tarde y me caigo de un banco doce horas después. Puedo pasar del amor al odio en medio segundo, y viceversa. De la risa al llanto, y del llanto a la indiferencia. Puedo decirte que te quiero y que no te soporto varias veces en el mismo día.

Cínico, frívolo, exagerado, maniático, hipersensible, egocéntrico. Pura fachada.

Todo eso era yo. Y mientras tanto, hay un retrato mío en la habitación que se hace viejo con los años.

Me llamo Humo, y es un placer conocerte.

jueves, 20 de mayo de 2010

Colores. Parte II.

Hace ya un año que pinté estas paredes de verde. Me costó decidir el color y volví locos a los pintores con mil tonalidades: hierba, oliva, cactus... Esperanza. El verde relaja y es el color de la naturaleza, pero también el de la envidia y de todo lo que está enfermo.

Por las mañanas el verde de esta casa se ve distinto. Es vital, más claro y más alegre. La casa parece más grande, más luminosa. Según pasan las horas, el verde también se va oscureciendo, y cuando me he dado cuenta, no queda nada de aquella luz. Entonces todo cambia, y aparecen las sombras. Como una serpiente que mide tu cuerpo acostada a tu lado antes de tragarte entero, mi verde espera a que sea lo suficientemente pequeño para poder digerirme sin masticar.

Hace un año, las paredes aún eran blancas, y yo no estaba solo. Me diste licencia para pintarlas del color que yo quisiera, qué mas daba, si te ibas. Y me quedé sin ti y rodeado de paredes verdes.

sábado, 15 de mayo de 2010

Hoy soy todo lo malo.

Hoy no tengo piedad, ni la conozco. Con nadie, y menos conmigo. Hoy rompería todos los platos que no rompí en su día. Me volvería sindicalista, guerrillero, nacionalsocialista y bolchevique, rojo y azul, cualquier cosa con tal de tener una excusa para tirar una silla por la ventana.

Hoy ha venido lo peor a visitarme, y conozco esas visitas. No viene para quedarse, porque no se lo permito. Sólo viene a recordarme que existe, vaya si existe. Y aunque no me guste nada, lo tengo que aceptar, porque también es parte de mi.

Si fuera por él, aplastaría los muros de esta casa, quemaría cada tela, cada cojín, cada colcha, y vería arder Madrid mientras toco el arpa.

Pero por suerte no sé tocar el arpa.