Hace ya un año que pinté estas paredes de verde. Me costó decidir el color y volví locos a los pintores con mil tonalidades: hierba, oliva, cactus... Esperanza. El verde relaja y es el color de la naturaleza, pero también el de la envidia y de todo lo que está enfermo.
Por las mañanas el verde de esta casa se ve distinto. Es vital, más claro y más alegre. La casa parece más grande, más luminosa. Según pasan las horas, el verde también se va oscureciendo, y cuando me he dado cuenta, no queda nada de aquella luz. Entonces todo cambia, y aparecen las sombras. Como una serpiente que mide tu cuerpo acostada a tu lado antes de tragarte entero, mi verde espera a que sea lo suficientemente pequeño para poder digerirme sin masticar.
Hace un año, las paredes aún eran blancas, y yo no estaba solo. Me diste licencia para pintarlas del color que yo quisiera, qué mas daba, si te ibas. Y me quedé sin ti y rodeado de paredes verdes.
jueves, 20 de mayo de 2010
Colores. Parte II.
Publicado por Humo en 11:34
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1 comentarios:
Mi ángel, mi todo, mi yo...
¿Por qué esa profunda pesadumbre cuando es la necesidad quien habla?
¿Puede consistir nuestro amor en otra cosa que en sacrificios, en exigencias de todo y nada? ¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas enteramente mía y yo enteramente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la hermosa naturaleza y tranquiliza tu ánimo en presencia de lo inevitable.
El amor exige todo y con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo. Sólo que olvidas tan fácilmente que yo tengo que vivir para mí y para ti.
Si estuviéramos completamente unidos ni tú ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje fué horrible...
Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo...
Tarde del lunes... Tú sufres. ¡Ay! donde yo estoy, también allí estás tú conmigo.
Conmigo y contigo haré yo que pueda vivir a tu lado. ¡¡¡Qué vida!!!
¡¡¡Así!!! Sin ti... perseguido por la bondad de algunas personas, que no quiero recibir porque no la merezco.
Me duele la humildad del hombre hacia el hombre. Y cuando me considero en conexión con el Universo, ¿qué soy yo y qué es aquél a quien llaman el más grande? Y sin embargo... ahí aparece de nuevo lo divino del hombre.
Lloro al pensar que problablemente no recibirás mi primera noticia antes del sábado. Tanto como tú me amas ¡mucho más te amo yo a ti!... ¡Buenas noches!
En mi calidad de bañista, debo irme a dormir. ¡Ay, Dios! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos!
¿No es nuestro amor una verdadera morada del cielo?
¡Y tan firme como las murallas del cielo!
Beethoven
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