sábado, 15 de mayo de 2010

Hoy soy todo lo malo.

Hoy no tengo piedad, ni la conozco. Con nadie, y menos conmigo. Hoy rompería todos los platos que no rompí en su día. Me volvería sindicalista, guerrillero, nacionalsocialista y bolchevique, rojo y azul, cualquier cosa con tal de tener una excusa para tirar una silla por la ventana.

Hoy ha venido lo peor a visitarme, y conozco esas visitas. No viene para quedarse, porque no se lo permito. Sólo viene a recordarme que existe, vaya si existe. Y aunque no me guste nada, lo tengo que aceptar, porque también es parte de mi.

Si fuera por él, aplastaría los muros de esta casa, quemaría cada tela, cada cojín, cada colcha, y vería arder Madrid mientras toco el arpa.

Pero por suerte no sé tocar el arpa.

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