miércoles, 31 de marzo de 2010

Nada puede ser mejor.

Mi amor se aburre en el sofá. Me mira a la cara y me pide promesas que sé que no cumpliré. Me ve beber una cerveza y después otra, sabe que me tiraré en la cama y cerraré los ojos hasta que amanezca, mientras él se queda despierto y tranquilo. No me pregunta nada, porque ya está todo respondido. No me pide nada, porque ya se lo di todo, y todo es sólo esto.

Mi amor me hace un zumo y una tostada, y le da fuego a mi primer cigarro del día. Y antes de que me de tiempo a ponerme triste, me ha puesto una canción, ha fregado los platos, y me ha dedicado su mejor sonrisa y su mejor beso, por darme aliento.

Y los días que llueve mucho, me abraza y me tira en el sofá, me acaricia el pelo y me dice que no pasa nada, que me quede tranquilo, que se quedará jugando con mi pelo hasta que pase la lluvia y que, para entonces, ya no me acordaré de nada.

Paisajes.

La ventanilla del tren. Una señora que se duerme. Una película de Jennifer Aniston. Montes y más montes. Yo viajando en el espacio y en el tiempo. Un túnel, y mis oídos que se cierran, y luego se abren haciendo pop.

Me duermo pensando en trenes que van hacia atrás, y que me llevan a los veinte años, cuando no existía todo esto, cuándo lo mismo me daba Londres que Albacete, y una tienda de campaña era mi reino y mi caballo. Y llevaba una maleta mucho, mucho menos pesada.

La voz ridícula que anuncia las estaciones me despierta. Más señoras en el andén, diciendo adiós con la mano. Y yo digo adiós con la mano también, a los montes, a los ríos, a tus manos.

sábado, 20 de marzo de 2010

Frivolidades. Parte I.

De sábado a sábado y tiro porque me toca. No me interesa la vida de Belén Esteban, no me parece interesante que te hayas casado con un torero que ya por ser torero no me merece respeto, pero es que encima a este le tiran las bragas unas señoras que por no tener, no tienen ni dignidad. Aún así, a veces necesitamos agarrarnos a ese punto frívolo que hace que el drama se convierta en una tragicomedia, en la que reímos por no llorar.

Aunque parezca lo contrario leyendo todas las entradas de este blog del tirón (cosa que no le deseo a nadie), yo me río mucho. Y tengo unas protopatas de gallo que lo demuestran, y que jamás intentaré disimular, porque son el resultado de que, además de tener más de treinta, me he reído a carcajadas por la mayor tontería, y no hay nada en el mundo que pueda cambiar esos momentos.

Y aunque últimamente me ría menos, porque cada vez las cosas me hacen menos gracia, no pierdo la esperanza, que será una puta vestida de verde, pero al final es lo único que nos queda.

sábado, 13 de marzo de 2010

Sobre la soledad.

No es bueno que el hombre esté sólo, porque la soledad es una compañera de piso que llega sin avisar, y cuando te das cuenta se ha instalado en tu casa y en tu vida. No dice nada, pero te mira desde cada esquina. Es siniestra, es oscura, es una sombra cojonera que te persigue hasta el baño y que no conoce la piedad.

Existen métodos demostrados para domarla, apaciguarla y domesticarla. No le gusta la música a todo volumen, ni las guitarras, ni las botellas de vino compartidas. No le gusta la gente en general, y cuando recibe visitas se queda acurrucada en un rincón.

Pero cuando no hay guitarras, ni vino, ni amigos, ella sale de su rincón para recordarme que sólo me ha dado una tregua, y que paga puntualmente el alquiler. Y yo la acojo, y algunas noches, hasta la abrazo.