Mi amor se aburre en el sofá. Me mira a la cara y me pide promesas que sé que no cumpliré. Me ve beber una cerveza y después otra, sabe que me tiraré en la cama y cerraré los ojos hasta que amanezca, mientras él se queda despierto y tranquilo. No me pregunta nada, porque ya está todo respondido. No me pide nada, porque ya se lo di todo, y todo es sólo esto.
Mi amor me hace un zumo y una tostada, y le da fuego a mi primer cigarro del día. Y antes de que me de tiempo a ponerme triste, me ha puesto una canción, ha fregado los platos, y me ha dedicado su mejor sonrisa y su mejor beso, por darme aliento.
Y los días que llueve mucho, me abraza y me tira en el sofá, me acaricia el pelo y me dice que no pasa nada, que me quede tranquilo, que se quedará jugando con mi pelo hasta que pase la lluvia y que, para entonces, ya no me acordaré de nada.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Nada puede ser mejor.
Publicado por Humo en 16:41
Subscribe to:
Enviar comentarios (Atom)




3 comentarios:
Hace mas o menos 1 hora que descubrí por pura casualidad tus blogs.Simplemente decir que tus letras me hicieron compañía en una noche cualquiera.Ánimo y sigue escribiendo.
Un saludo de un chico del norte intentando sobrevivir en Madrid;)
Ya somos dos sobreviviendo! Gracias por los ánimos, me alegro de haber servido de compañía ;)
Varsovia 30 de julio de 1859
Olga! Qué feliz me sentiría si te pudiese abrazar en este instante, tal como te apreté contra mi corazón esta mañana. Siento ahora más profundo aún mi apasionado amor hacia ti después de haber penetrado hondamente en mi corazón los melodiosos sonidos, los gritos dolorosos de Schumann, que sufre de los mismos sentimientos y es infeliz como yo.
¿Niña mía, puedes comprender por qué soy infeliz? Porque en este instante no puedo comunicar mi dolor a nadie, porque necesito, para mi consuelo, de la comprensión.
Solo, abandonado, me siento en mi habitación solitaria, ocupado únicamente con mis tristes pensamientos... Tenías razón, niña mía, al observar que en el concierto de hoy estuve más serio que de costumbre, o más triste, como tú decías; ya antes del concierto me asaltó, sin causa aparente, una suave melancolía, que agrandada hasta el máximo por la música de Schumann, amenazó con romper mi corazón.
¡Qué infeliz me siento! ¿Por qué no puedes estar conmigo? ¿Por qué no puedo vivir como un hombre cualquiera? Me consolaré por medio de la música, trataré de hacerlo... pero no puedo seguir ahora, mis nervios tiemblan, la fuerza me abandona...
¡Olga, qué infeliz soy! Apenas tengo fuerza para escribir estas líneas. Jamás me compadecí de mí mismo; hoy -te lo confieso- lo hice llorando. Ay, Olga, presiento que moriré pronto... y solo... Pero es mejor que nadie sepa lo que sufrió.
Tu Jean
Johann Strauss
Publicar un comentario