No es bueno que el hombre esté sólo, porque la soledad es una compañera de piso que llega sin avisar, y cuando te das cuenta se ha instalado en tu casa y en tu vida. No dice nada, pero te mira desde cada esquina. Es siniestra, es oscura, es una sombra cojonera que te persigue hasta el baño y que no conoce la piedad.
Existen métodos demostrados para domarla, apaciguarla y domesticarla. No le gusta la música a todo volumen, ni las guitarras, ni las botellas de vino compartidas. No le gusta la gente en general, y cuando recibe visitas se queda acurrucada en un rincón.
Pero cuando no hay guitarras, ni vino, ni amigos, ella sale de su rincón para recordarme que sólo me ha dado una tregua, y que paga puntualmente el alquiler. Y yo la acojo, y algunas noches, hasta la abrazo.
sábado, 13 de marzo de 2010
Sobre la soledad.
Publicado por Humo en 12:37
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