viernes, 11 de junio de 2010

Mensaje en una botella.

Conocí el miedo hace unos diez años. Hasta ese día, que no recuerdo exactamente, había sentido como cualquier mortal, fui lo más feliz y lo más triste. Pero tenía mi ilusión. Con todo lo que sufrí por un millón de cosas que ya no me importan nada, nunca hubo una época mejor.

En algún momento pasó algo que aún hoy no sé descifrar, y que me trajo aquí, a esta ciudad, a esta casa y a esta vida, tan distinta. De repente, hay un antes y un después, un barranco, un punto de inflexión. De lo que queda entre medias casi no recuerdo nada, como quien ve su barco a la deriva y despierta en una isla, yo desperté aquí, así, ahora.

Lo cierto es que me he acostumbrado a esta isla desierta, he aprendido a pescar para sobrevivir y a hacer fuego cuando tengo frío. La he hecho mía, y ahora yo soy el dueño de esta playa.

No reconozco la persona que fui antes del naufragio, y sólo algunas veces, en momentos muy concretos, me llegan destellos de otra vida, de otro rumbo, de otra tierra a la que por mucho que me esfuerce en dar brazadas, no acabo de llegar.

Nunca expresé mejor cómo me siento, y dudo mucho que este texto sobreviva. Así que lo enrollo y lo tiro al océano dentro de una botella, para que alguien, algún día, lo recoja al otro lado del mar.

miércoles, 2 de junio de 2010

20+1.

Veinte entradas y veinte cuentos ya. De amor y odio, de simplicidades y cosas más complicadas. Veinte poemas de amor, y más de una canción desesperada.

He tenido otro blog aparte de este, no sé el tiempo que ha pasado desde que escribí aquella última entrada hasta que empecé a escribir aquí. O sí lo sé. Pero lo que sí sé, es que hay algo común entre esas dos épocas, son aquellas en las que me falta una confidencia a las doce de la noche y una bronca a las nueve de la mañana. Y vierto mis secretos sobre este teclado que ha bebido casi lo mismo que yo.

Sé que a muy poca gente le interesa mi vida. Y de la gente a la que le interesa, sé que a la mayoría no les gustaría leer nada de esto, o simplemente les aburre. Pero nunca he pretendido nada, sólo es otra forma de darse golpes contra el mismo cristal. Este es mi cristal, este es mi blog y esta es mi vida. No sé cambiarla en este momento, no sé si quiero. No tengo voluntad, o fuerza. Y no puedes ayudarme. Seguro que hay alguien alrededor que lo necesita más, y yo estaré bien, siempre estoy bien, igual que tú.

Como dice mi madre: cada uno en su estilo.

PD. Tengo dos tipos de entradas, las que están inspiradas en una canción que siempre suena al final, y las que escribo sin música. Estas son las más difíciles de acompañar. Entonces simplemente me dejo llevar...