viernes, 30 de abril de 2010

El amor, el sexo y otros milagros.

Hay mujeres (y hombres) que hacen girar su vida alrededor de un trozo de carne que es en realidad una esponja con el curioso poder de absorber la propia sangre y la del otro para provocar casi siempre placer, y algunas veces, auténtica obsesión. Es entonces cuando se cierra el círculo perfecto que conecta el placer con el dolor, hasta el punto de que ya no sabemos si sufrimos (y aquí me delato) por injusticia o por vicio.

He conocido a muchas personas que han convertido esto en una frivolidad, y otras que, al contrario, han convertido en frivolidad cualquier cosa que no sea esa obsesión, disfrazada de múltiples maneras. No me siento capacitado para juzgar esta actitud, pero de la misma forma soy libre para elegir las posiciones que me hacen sentir más cómodo, sólo faltaría. En el fondo, muy en el fondo, las inquietudes son las mismas, y todos y todas buscamos lo mismo, cada uno en un un sitio distinto.

Desde que nacemos, somos seres incompletos, huérfanos de algo que va tomando forma con los años, pero que no deja de ser el materialismo de una idea compartida, la esencia que nos falta, la justificación de nuestra vida, el sentido de la existencia, la respuesta a la pregunta que nos hacemos cada día sin saberlo, y que algunos buscamos en la barra de un bar de la misma forma que un fraile franciscano se agarra a un crucifijo.

Lo cierto es que esas preguntas nunca han tenido respuesta ni la van a tener, y sólo nos consuela sentir que no estamos solos en esto, y que sólo podemos gozar y sufrir a partes iguales.

Y al octavo día, Dios creó el amor, el sexo, y todas sus consecuencias.

1 comentarios:

Unknown dijo...

Marie! Marie!
Oh, dejame repetir ese nombre cien veces, mil veces. Por tres días ha vivido en mi interior, oprimiéndome y quemándome... Eternidad en tus brazos... Cielo, infierno, todo, todo en tí y de nuevo en tí... Oh, déjame loco, insano...

La común, prudente estrecha realidad, ya no es suficiente por más tiempo, debemos vivir con toda nuestra vivencia, amor, y toda nuestra congoja!
¿Me crees capaz o no, de sacrificio, de virtud, de moderación, de religiosidad? Esto es para vivirlo!!!
El día en que puedas decirme con toda tu alma, con todo tu corazón, toda tu mente: "Franz, permitámonos borrar olvidar, olvidar para siempre, cada cosa incompleta, penosa, y acongojante en el pasado; permitámonos ser todo para el otro, porque ahora te entiendo y perdono tanto cuanto te amo" ese día, y puede ser pronto, volaremos lejos del mundo, y viviremos, amaremos y moriremos el uno por el otro solamente.

Franz Liszt

Publicar un comentario